Miércoles, 22 Febrero 2017

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César Picón

César Picón

Ingeniero industrial con altos estudios en Gerencia política y gobierno, Magíster en Gerencia del Desarrollo. Ex secretario general del Partido Liberal. Columnista de opinión.
Con el informe de auditoría del Hospital Federico Lleras Acosta, presentado ayer por funcionarios de la Gobernación del Tolima, quedaron claras tres cosas: que el Hospital sigue sumido en una grave crisis financiera, que la intervención de la Superintendencia de Salud no ha servido de mucho y que el Gobierno Departamental no tiene la más mínima intención de asumir el liderazgo que le corresponde para superar el cumulo de problemas que agobian al principal centro hospitalario de la región.

Si bien puede ser cierto que el déficit aumentó, que el flujo de caja sigue siendo insuficiente para lograr la sostenibilidad del Hospital y que las restricciones en algunos servicios son ahora más prominentes, la respuesta del Gobierno no debe ser tan simplista como no recibe el manejo del Hospital del Ministerio de Salud. Más bien debe entender que fue elegido para responder oportuna y eficazmente a los problemas más sensibles para los ciudadanos y la salud si que es uno de ellos. Este es el momento preciso en el que los tolimenses esperamos el anuncio de acciones concretas por parte del ente departamental para apoyar el Hospital, no simplemente un lavado de manos que solo pretende eludir responsabilidades.

El Gobierno de Luis Carlos Delgado hizo un esfuerzo enorme en términos presupuestales para girar recursos que, al menos, sirvieron para solventaran temporalmente la profunda crisis del Federico Lleras. El actual Gobierno, que mucha responsabilidad tiene en el dantesco panorama que hoy se observa, está en la obligación de jugársela toda por garantizar la vida y buena salud de nuestro Hospital. Esperamos acciones y no excusas. Que no se hagan los de la vista gorda como lo están haciendo con la crisis de la Universidad del Tolima.

 
Cesar Picon
Twitter @cesarpicon
El especial de la Revista Semana, “Tolima, la Tierra que Soñamos”, encontró serias críticas por parte de columnistas y ciudadanos del común, que vieron con sorpresa como fue utilizado un espacio que se suponía debía servir para promocionar las cosas buenas de la región, para profundizar los ataques en contra del Alcalde de Ibagué. Aunque aún no se conoce si se trató de una componenda de la “gavilla” para escalar el nivel de su crítica al ejecutivo o fue una simple ligereza editorial de ese importante medio de comunicación, lo cierto es que la imagen de la ciudad, bastante golpeada por el descalabro de los juegos nacionales, fue nuevamente mancillada por quienes no entendieron cuál debía ser el verdadero propósito de la publicación.

No menos ofensivo fue el artículo escrito por profesores de una destacada universidad bogotana que pretendió mostrar la mina La Colosa como “una oportunidad perfecta para movernos hacia un modelo de minería social, económica, jurídica, legal y ambientalmente sostenible”, y que encima de todo fustigó las consultas populares asociándolas con una especie de “abuso o distorsión” de los instrumentos legales existentes. Con este escrito tampoco se sabe aún si fue un mandado de alguno de los financiadores o simplemente un desinteresado relleno, muy inoportuno, por cierto.

Aunque como ibaguereño saludo orgulloso la mayoría de artículos contenidos en el especial que circuló por todo el país, lamento los puntos negros que deslucieron el verdadero sentido de esta publicación. Ojalá uno o varios de los financiadores tenga el valor civil de reconocer porque en medio de tanta belleza tolimense expuesta ante el país, fue posible que salieran a relucir dos males que acechan nuestra sociedad: el odioso sectarismo político y la indeseable mina La Colosa. 
 
Cesar Picón
Twitter @cesarpicon
Ante la suspensión temporal de la Consulta Popular minera, muchos ibaguereños se están preguntando ¿ahora qué?, la respuesta es clara: mantener vivo el fragor de nuestra lucha ciudadana y democrática para rechazar el extractivismo que amenaza la vida y el bienestar de nuestras gentes.

¿Pero cómo hacerlo sin podernos pronunciar en las urnas?, como lo venimos haciendo desde hace tantos años, manteniendo vigentes las movilizaciones, la educación ambiental y el dialogo con las comunidades frente a las amenazas que representa La Colosa y los títulos mineros en nuestras fuentes hídricas.

Nuestra voz no se puede callar mientras el Consejo de Estado resuelve unas tutelas. Sabemos muy bien que esa es la estrategia que asumieron los pro mineros para entorpecer la masiva respuesta ciudadana en las urnas, ante la imposibilidad de pararla mediante amenazas y presiones al Alcalde y los Concejales. Ellos temen al pronunciamiento del pueblo soberano porque saben que nuestra causa es justa y que podemos derrotarlos por las vías democráticas. Trataran de hacer todo cuanto puedan para parar la Consulta y eso lo que no podemos permitir.

Entonces ahora más que nunca debemos permanecer unidos, firmes y en pie de lucha, para presionar que nos permitan nuestro legítimo derecho a decidir el futuro de nuestra ciudad. Ya los tenemos en jaque, pero debemos continuar el proceso de resistencia socio-ambiental para que en el justo momento que se resuelva la parte legal podamos completar la misión.

El domingo que viene sería nuestra Consulta Popular, ante la imposibilidad de realizarla vámonos para la calle a demostrar que estamos más firmes y decididos que nunca. La cita es este viernes a las 2 de la tarde en el Panóptico de la 10 con Guabinal. Disfrazados o no, vamos a participar con la alegría que nos caracteriza, como defensores del agua y la vida todos juntos hagamos el viernes nuestro carnaval por la Consulta Popular.
 
Cesar Picón
Twitter @cesarpicon 
Hay que reconocer el interés de la Gobernación por desarrollar proyectos de infraestructura vial en la ciudad musical. Ibagué también es Tolima y merece una mirada especial. Sin embargo, resulta paradójica la actitud individualista que ha mostrado la Administración Seccional frente a la priorización de los proyectos a financiar y la displicencia con la que ha respondido los múltiples llamados de la Alcaldía municipal para coordinar las acciones a desarrollar.

Todos los ibaguereños apoyamos las inversiones de ambas administraciones, pero estas pueden tener mayor impacto si existe un alto nivel de coordinación institucional.

El Alcalde propuso hacer bolsa común para pavimentar las calles de la ciudad, pero obtuvo una respuesta destemplada por parte de un alto funcionario de la Gobernación. Luego se planteó juntar los esfuerzos de ambas entidades para construir la intersección de la 60 con 5, pero todo indica que la Gobernación quiere “todo o nada” en el desarrollo de esta obra. Casos similares han ocurrido en el ámbito de otros proyectos. Incluso se ha visto a algunos funcionarios del Departamento justificando la inacción en la supuesta falta de entrega de autorizaciones por parte de la Alcaldía.

¿Por qué insistir en desconocer el Plan Municipal de Desarrollo y las políticas y programas contenidos en este?, ¿Acaso la función del Departamento no es subsidiar y complementar las ejecutorias priorizadas por el ente municipal?, ¿Si el gobernador se muestra molesto cada vez que el Gobierno Nacional no le consulta decisiones inherentes al departamento, porque persiste en desconocer la primera autoridad municipal?, ¿Porque no deponer los intereses individuales y trabajar colectivamente?

Me permito respetuosamente invitar al equipo de Gobierno departamental a reflexionar sobre la importancia de apoyar las prioridades definidas por los ibaguereños, las cuales fueron plasmadas en el Plan de Desarrollo municipal vigente. Todas las inversiones quedarán en la memoria colectiva de la ciudad, pero seguramente habrá más recordación si se demuestra grandeza y desprendimiento a la hora de hacer las inversiones.
 

Cesar Picón
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Cuando todo estaba listo para que los ibaguereños asistieran a las urnas para rechazar la minería contaminante, el Consejo de Estado decidió suspender provisionalmente la realización de la Consulta Popular. Indudablemente es un golpe a la moral de todos los que hemos promovido este mecanismo de participación que a estas alturas ya creíamos haber superado todos los obstáculos que hasta ahora se habían presentado para impedir que se realizara.

Definitivamente en Colombia no es nada fácil desafiar el establecimiento, los intereses de las elites y las políticas de Estado que las favorecen. Desde que comenzó el proceso de empoderamiento ciudadano en Ibagué, las embestidas a nivel político y normativo se han hecho más fuertes, siempre en la búsqueda de limitar la toma de decisiones por parte de las comunidades de los territorios.

Respetando la validez de la decisión que tomó el Consejo de Estado, no se puede descartar que la influencia de las multinacionales extractivas y/o los políticos e instituciones que las representan, tengan algo que ver con la decisión de frenar la Consulta de Ibagué. No resultaría extraño que la misma Procuraduría General de la Nación otra vez estuviera actuando en contra del interés colectivo de los ibaguereños.

Sin embargo, debemos entender este tropiezo como una oportunidad para fortalecer la lucha ciudadana por defender nuestros recursos naturales. Nunca antes se había visto el nivel de conciencia de las gentes de esta ciudad frente a la importancia de rechazar todo lo que amenace la salud y el bienestar de las generaciones venideras. Tampoco se había logrado unir tantas voces en torno al propósito común de defender nuestro derecho a decidir lo que queremos para nuestra tierra. Ninguna causa había podido movilizar tal cantidad de voluntarios que, sin ningún interés particular, se habían volcado a las calles a promocionar la participación democrática de los ciudadanos.

Tenemos todos los argumentos para mantenernos firmes, ante este revés solo decir que esta historia continuará.
 
Cesar Picón
Twitter: @cesarpicon
Todavía es posible alcanzar la paz negociada en Colombia. La reunión de ayer entre Santos y Uribe, y la manifestación de las Farc de querer seguir en la búsqueda de la paz, es una luz de esperanza que se asoma en medio del panorama gris en el que nos dejó el Plebiscito. No obstante, ellos deben entender que, independientemente si fue por el Si o el No, quienes votamos el domingo queremos terminar la guerra, no cuando ellos quieran, sino ya mismo.

Después de varios años de negociaciones con la guerrilla, creo que a ningún colombiano le queda demasiada paciencia para esperar otra larga y compleja temporada de diálogos. Aunque el Uribismo y demás promotores del No se ganaron el derecho de exigir una revisión de los acuerdos, ello no implica que puedan tomarse todo el tiempo para hacerlo, ni tampoco que todas sus pretensiones deban ser aceptadas so pretexto de construir el “amplio consenso político” del que habló Carlos Holmes. Tampoco se pueden olvidar que el acuerdo de paz es con las Farc, por cuanto hay que saber sortear que los eventuales puntos de acuerdo entre los delegados de Santos y Uribe, sean bien recibidos por parte de esa guerrilla.

La voluntad de paz ahora no solo debe ser demostrada por parte de las Farc, el Uribismo que tanto criticó el proceso, debe ponerse la mano firme en el corazón grande y saber que tienen un compromiso ineludible para ayudar a la construcción de la paz de Colombia.

Todos deben ser sensatos: la guerrilla no puede pretender pasar por encima de los resultados del Plebiscito, el Gobierno a falta de uno ahora debe concertar con dos, y el Uribismo y los del No deben demostrar que un mejor acuerdo, es social y políticamente posible.
El tiempo es oro y la paciencia de los colombianos no es infinita. Necesitamos un acuerdo ya, que no nos defrauden.
 
Cesar Picón
Tengo que reconocer la inmensa alegría que sentí el lunes al ver como después de tantos años de violencia por fin se firmaba la terminación del conflicto. En la Plaza de Bolívar, rodeadas de florecidos ocobos, más o menos 500 personas seguimos minuto a minuto la transmisión que se originaba en Cartagena. A mi lado estaba un desmovilizado del ELN, antiguamente alias Miguel, quien contaba con orgullo como años después de haberse retirado de las filas del grupo guerrillero estaba ad portas de graduarse como abogado. En las sillas del frente había varios afrocolombianos víctimas de la violencia, tal vez desplazados de algún pueblo del Pacifico, a quienes se les notaba en la cara el regocijo por lo que estaba sucediendo. También estaba la esposa del Alcalde, varios funcionarios públicos, líderes comunales y transeúntes desprevenidos que, todos reunidos frente a una pantalla gigante, presenciábamos lo que muchos pensamos no ver jamás.

Sin darnos cuenta, ahí estaba pasando algo especial: estábamos todos juntos, incluso revueltos. Sin distingo de clase o condición social, sin preguntarnos qué pecados teníamos, sin importar que había víctimas y victimarios, todos convivimos por algunas horas mientras disfrutábamos nuestro momento histórico. Que mejor ejemplo para saludar el fin de la guerra.

A estas alturas no vale la pena insistir sobre los argumentos para votar por el Sí o el No. Los ciudadanos ya están lo suficientemente informados, unos, otros completamente desinformados. Mas lo que importa es que este proceso nos tiene soñando a muchos colombianos con la posibilidad de construir un nuevo país, nos ha llenado de ilusiones y expectativas, nos ha devuelto la esperanza en que algún día seremos un pueblo totalmente reconciliado, unido, como en el inolvidable evento del pasado lunes.

La paz que se nos viene es perfecta, porque es nuestra, la que pudimos lograr para evitar seguir matándonos. Pronto también se acabará la guerra en redes sociales y al interior de los círculos sociales y familiares, el Plebiscito no nos separará más. Estoy seguro que los colombianos encontraremos todas las razones para vencer cualquier obstáculo que pueda presentarse en el camino de la búsqueda de la paz. Eso hemos sido siempre, un pueblo de bien, corajudo, resiliente, capaz de reinventarse y seguir adelante, un pueblo de paz.
 
Cesar Picón
@cesarpicon
@cesarpicon
 
Junto con un interesante grupo de ibaguereños constituimos un comité para promover el Sí al Plebiscito. Sin caer en el juego de descalificar u ofender a quienes piensan votar por el “No”, decidimos unirnos para promover todo acción que pueda contribuir a bajarle a la amargura, el odio y la desazón que por estos días y por cuenta del proceso de paz, ha tornado más difíciles las relaciones entre amigos, compañeros de trabajo e incluso al interior de las familias.

No podemos claudicar en el propósito de construir una paz estable y duradera. Esa paz que no se alcanza simplemente con la terminación del conflicto armado con las Farc, ni siquiera con la implementación integral de los acuerdos de La Habana. En la Generación del Sí, creemos que es necesario que todos los colombianos hagamos un aporte a la reconciliación del país y eso debe empezar por nuestras acciones más próximas.

De nada sirve que alguien diga que quiere la paz, si anda segregando a los colombianos entre gente de bien y gente de mal. No contribuye mucho a la paz el querer revivir todos los episodios de dolor y muerte por los que han tenido que atravesar muchos compatriotas, solo con el ánimo de incitar un voto por el “No”. Tampoco aporta nada el hecho de llenar al público de embustes, como el cuento que Colombia va hacia el Castrochavismo, con tal de generar desasosiego. Mucho menos sirve seguir incitando la animadversión por otros colombianos sea cual sea el motivo, “porque el que esté libre de pecado que lance la primera piedra”.

Muchos nos identificamos en la Generación del Sí, aquella que converge en la búsqueda del perdón y la reconciliación; que entiende que para cambiar el país es necesario que cada uno de nosotros aporte todo lo que este a su alcance. Esta generación sabe que el camino más difícil lo transitaremos a partir del día después del Plebiscito, y que por eso es necesario que desde ya empecemos a tener una actitud pacífica hacia nuestros semejantes. Nosotros trabajaremos por la victoria en el Plebiscito, pero también porque los del “Sí” y los del “No”, podamos mirarnos de frente, abrazarnos y construir juntos la paz de Colombia.
 
 
Cesar Picón
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