Domingo, 22 Enero 2017

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Laura Inés Castro Cortes

Laura Inés Castro Cortes

Abogada y Contadora en ejercicio. Especialista Alta Gerencia Universidad de los Andes. Exgerente  Tolima 7 días y Ondas de Ibagué.
 
Desde  temprana edad Ricardo Alfonso Ferro Lozano incursionó en la política,  a sus 18 años fue elegido  concejal del municipio de Carmen de Apicalá. Debió quedar fascinado con el mundo   surrealista de la política,  donde en nombre de la democracia todo puede pasar.


A partir de 1997  y hasta el 2015 siguió trabajando en sus aspiraciones políticas y fue  candidato a edil  de la localidad de Suba, a la Cámara de Representantes del Tolima, dos veces a la Alcaldía de Ibagué. Ninguna le prosperó. También posee  experiencia como  ejecutivo en el alto gobierno,  asesor de la casa de Nariño, secretario privado de Ministerio y Viceministro de otras carteras.


Han transcurrido 18 años  en los que Ferro Lozano se ha movido entre la burocracia y el ejercicio de  aspiraciones políticas fracasadas. A hoy deja ver que sus intenciones están orientadas a seguir siendo el firme  y permanente candidato a la alcaldía de Ibagué, experiencia ya vivida de mandatarios raizales  que han llegado después de varios intentos  y lo que está probado es que en ese empeño, se desvía   la preparación para el cargo y  llegan sin el conocimiento para gerenciar y gobernar.


¿Por qué desorientado  Ferro Lozano? Porque se equivoca en la estrategia de comunicación utilizada para pronunciarse respecto de la gestión –sin comenzar-  del alcalde Guillermo Alfonso Jaramillo,  que no está sustentada en los temas vitales del presente y futuro de la ciudad. Se está  quedando en la parodia,  el comentario irónico,  jocoso o cantinflesco de situaciones que  bien pueden ser asunto de otros editorialistas o columnistas lejanos a la política.


Ese simulacro de oposición por parte de Ferro Lozano  también requiere  pedagogía,  porque como  bien lo expresó la filósofa antioqueña Lucy Carrillo “la oposición es el otro jugador que necesita el poder político en el ajedrez de los asuntos de interés común” ella sostiene que “si hay verdadera vocación política, la oposición debe abrirle paso al poder de la imaginación”.
 
 
Así las cosas, para contraponerse debe existir mente abierta y creativa. De lo contrario Ferro Lozano  está malogrando el capital político que acumulo en  dos campañas y que de no incursionar ante la opinión pública con  un discurso alternativo, propositivo, concentrado en los hechos, inherentes al progreso y desarrollo de la ciudad,  podría convertirse en un actor  político que no ha superado el fracaso electoral  y a través de la parodia le está diciendo a los Ibaguereños, “¿ven lo que pasa por no haber votado por mí?”, en una línea delgada de escaso  sentido de pertenencia y arraigo por la ciudad.


Lo que le está pasando a Ibagué es serio y así debe manejarse.  Aquí juegan papel importante la madurez política y el sentido común- el menos común de los sentidos- , para que se diseñen innovadoras estrategias de comunicación. De seguro ésta no es.
Ante este escenario,  Ferro Lozano podría sopesar la idea de regresar a ocupar cargos en el alto gobierno,   salir de viaje a estudios especializados como una manera de oxigenar,  refrescar el pensamiento y  renovar ideas. O decidir que  se queda en Ibagué, pero aportándole  a la construcción de una linda ciudad que  recién él comenzó a conocer.
 
Todo comenzó en la  campaña a la alcaldía de Guillermo Alfonso Jaramillo, quien venía de ocupar una secretaria en la administración de Bogotá, donde supuestamente,  salió con las mejores calificaciones. Fuimos testigos  a través de los medios nacionales,  de la relativa calma y serenidad con la  desempeñó el cargo.


Presenciamos una campaña donde el avezado político enarboló la bandera de la honestidad, la transparencia, la eficiencia y todas las que debía poseer el próximo mandatario, justo en el  momento histórico que  vivía Ibagué  y pasada la vergüenza de los peores juegos nacionales de  la historia en el país.


Ya en el ejercicio del cargo,  las  dotes de  efectista  e histrión político del nuevo mandatario, han hecho que los habitantes de la  ciudad,   estemos perplejos siendo meramente espectadores  de un reality que tiene al borde de la polarización a la ciudad.


Es cierto que a tan solo cinco meses de posesionado, es temprano medir la gestión, lo que preocupa es que la mayoría de los  capítulos del reality narrados por los medios de comunicación, están desviando al burgomaestre de sus verdaderos propósitos de cambios y transformación social y política.


Al  alcalde las cosas no le han salido como esperaba. El desafortunado  manejo de su  inteligencia emocional y pensamiento estratégico, lo han llevado a ser víctima de su propio invento.  Las ansias de desquite o venganza con sus públicos enemigos, lo están haciendo perder el norte. Su “deschavetado” lenguaje tan replicado en los medios desvirtúa la esencia de sus pronunciamientos.


Lo que realmente llega a preocupar es el juego político con la promesa de combatir la corrupción y exhibir total transparencia en sus actuaciones, cosas que al parecer,  comienzan a ser desvirtuadas, especialmente por los pronunciamientos de un reconocido y prestigioso profesional del derecho, y por    investigaciones  periodísticas.


Ese grave error lo aprovechan sus detractores para entregar información a los medios, en algunos casos,  personal y privilegiada, que bien  podría ser  objeto de procesos judiciales y quedarían a la espera de un fallo definitivo y  que en otras circunstancias no trascenderían, ni alimentarían los libretos del reality.


En uno de los últimos capítulos de este show hizo su aparición, como invitado especial, su  hermano y ex senador de la república,  Mauricio Jaramillo, para concluir que jamás en la historia reciente, se había visto una “gavilla” en contra del primer mandatario de la ciudad.


Desafortunadas declaraciones, que sólo enervan los ánimos y dividen a la ciudad, porque a tan solo dos días de sus declaraciones,  personajes de la mal llamada “gavilla” se ratificaron en todas y cada una de apreciaciones.


De lo que sin pueden estar seguros los medios de comunicación, es que con este burgomaestre, los rating de sintonía estarán en sus mejores niveles. Mientras tanto siguen en veremos la puesta en escena de los  asuntos que traerán la transformación y el cambio prometidos para Ibagué.
Ibagué como ciudad intermedia  se quedó rezagada de otras con  similares características,  pero  tiene los problemas de una gran urbe: Desempleo, inseguridad, movilidad y contaminación.  El  problema del  suministro de agua potable está fuera de concurso.


Desde hace rato los sondeos de percepción han mostrado la inconformidad ciudadana  por el crecimiento desmedido de estos problemas, que son  directamente proporcionales al bajonazo en la calidad de vida de los ibaguereños.


A diario comprobamos  que para los delincuentes no existen zonas vedadas, hacen uso  de toda su creatividad y su malicia,  para agotar  las diferentes  modalidades.  Nos llegó la Policía Metropolitana con bombos y platillos, ¿y?  Podrán doblarnos el pie de fuerza, sin embargo el creciente aumento de personas afectadas por el desempleo,  sin esperanzas ni oportunidades, los desadaptados,  y  los que definitivamente no tienen nada que perder, y que  de no encontrarse una fórmula de solución,  seguirán siendo el estigma social.


De ahí que las políticas de empleo a diseñar,  deben estar encaminadas a conjurar este fenómeno social,  bajo la responsabilidad del  alcalde, quien  recibió la ciudad con el 11.7% de desempleo y hoy la tiene con el 16.9%.  


Difícil pero no imposible  llevar a la baja ese indicador.  No está de más sugerirle  respetuosamente al  alcalde Guillermo Alfonso Jaramillo, aplicar la recomendación  de un sonado jingle que llama al regionalismo y sentido de pertenencia, para que el burgomaestre lo adapte y diga: Como yo mando y trabajo  aquí,  contrato con los de  aquí, y los de aquí se  ganan las convocatorias y licitaciones. Y no porque sea pecado que se los ganen foráneos, pero es que la situación de la ciudad, amerita cuidar con innovadoras estrategias  y  acertadas decisiones las cifras del desempleo.


En este punto es válido hacer una reflexión. ¿Será que no tenemos empresas  competitivas que  logren superar la  prueba de una convocatoria? Personalmente, quiero creer en la transparencia de estos procesos y alejo la nube gris de   convocatorias o licitaciones “chaleco”.


La movilidad día por día se está tornando insoportable. Ibagué  tiene las mismas vías de  hace 20 años. Como están lejos unas  nuevas, y ya no caben carros y motos en ellas,   las políticas y estrategias  implementadas para su mejoramiento,   necesariamente deben  ser  claras, contundentes, sin reversazos  y con amplia socialización. 


La contaminación  va en línea directa con la cultura ciudadana y  a decir verdad  seguimos crudos. Ibagué es una ciudad ruidosa, pitamos por nada o por todo, con cientos de vehículos chimeneas rodando por las calles. Estamos en  mora de imponer la cultura del reciclaje, el apadrinamiento de los separadores, la recuperación de los andenes, la regulación de las comidas callejeras con cilindros de gas y fogones improvisados por doquier y muchas otras cosas que acrecientan la contaminación atmosférica, visual y auditiva, entre otras.


En conclusión hay mucha “menuda” por resolver.  Importante y urgente contar con  un mandatario haciendo gestión, con énfasis en las prioridades.
Pareciera que al alcalde Guillermo Alfonso Jaramillo Martínez, lo dejo tan sorprendido su elección, que ha olvidado muchas de las promesas y compromisos de su  campaña. Se vendió como hombre de corazón sensible, incluyente y respetuoso de las diferencias.Lastimosamente con el transcurrir de los días al frente de los destinos de la ciudad, otra cosa hemos presenciado.


El mandatario muy hábilmente ha percibido el estado anímico de los ibaguereños, apesadumbrados y decepcionados  por  todo lo ocurrido en la administración pasada, y  sobre eso cabalga, arrogándose la facultad de insultar y maltratar como se le antoja.


Comenzó con  pie izquierdo las relaciones con los sindicatos de trabajadores de la alcaldía, por desconocer derechos, especialmente con mujeres embarazadas. Ahí ellas y ellos  se sintieron insultados. La imagen de una virgen que se exhibía en los corredores de esas  dependencias,   terminó en un oscuro rincón, lo que se convirtió en un insulto para sus devotos.  A la mayoría de los medios de comunicación los mira con desdén y les recalca que no habrá pauta, porque no compra conciencias. Insulta a  los medios, esos que todo el día caminan detrás de él buscando información.


De su mal carácter, temperamento irascible y cascarrabias  pueden dar fe sus inmediatos colaboradores. No es mentira que a tan solo un mes de conformado el gabinete, ya más de uno había entregado  la renuncia. Dos cosas pueden pasar: No aguantan el ritmo maratónico de trabajo del mandatario, o no soportan la carga emocional de la exigencia con malos tratos y palabras desobligantes de su jefe, que no los baja de ineptos y mediocres. Lo peor que puede pasar es que se conjuguen las dos cosas. Ahí estamos frente a insultos y acoso laboral.


Su último show mediático fue dedicado a las  mujeres que se desempeñan como trabajadoras sexuales y  a los  miles de ibaguereños que gustan del licor en medio de una feria. Lo que se convirtió en un insulto para dichas trabajadoras. Por los borrachitos nadie se pronunció.


Algunos  se han atrevido a decir que  la decisión de no vender licor en las ferias y los escenarios donde hacen presencia cantantes, artistas, miles de ibaguereños con sus familias y una que otra  trabajadora sexual, es poco de su interés e incumbencia, que se aprovecha del poder en cargo, para tomar venganza y distancia  de sus enemigos, quienes  desafortunadamente, están obligados a vender miles de botellas de licor para mejorar  el p y g de sus respectivas empresas y que de paso insulta a la economía de la región.


Señor Alcalde,  los ibaguereños le damos carta blanca para que modifique y transforme lo que  no está funcionando bien, que usted y su equipo de colaboradores, hagan  uso de toda la creatividad para encontrar nuevas formas de diversión y esparcimiento sano. Llame a los distribuidores de licor en la ciudad, exponga la problemática y busquen concertadamente alternativas y soluciones para equilibrar decisiones y lograr el mejor resultado,  lastimosamente el desafortunado estilo opaca el trascendental fondo de sus pretensiones  en cuanto a la convivencia, la  diversión y  el esparcimiento sanos.


No deja de sorprender que un hombre de profesión  humanista,  con  bagaje y recorrido por muchos  lugares  en el mundo, a la hora de informar,  explicar, controvertir o prohibir  se muestre tan primario.  Caramba, hay que recomendarle al burgomaestre, que en el estricto cumplimiento de su cargo,   aplique  la reflexión del  filósofo  griego Aristóteles: el sabio piensa todo lo que dice y no dice todo lo que piensa….
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