Jueves, 23 Febrero 2017

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Laura Inés Castro Cortes

Laura Inés Castro Cortes

Abogada y Contadora en ejercicio. Especialista Alta Gerencia Universidad de los Andes. Exgerente  Tolima 7 días y Ondas de Ibagué.
 
Oscar  Barreto  se hizo elegir gobernador del Tolima con 73.294 votos, superando en 9.719,  a los que eligieron como alcalde de Ibagué a   Guillermo Alfonso Jaramillo  Martínez.  Esta circunstancia ha despertado en Barreto un ánimo de preponderancia electoral  que no puede disimular.

Sumado a lo anterior, las diferencias ideológicas, políticas y de estilo para gobernar de los dos mandatarios, dejan ya un sinnúmero de situaciones desagradables a los ojos de los gobernados, que esperan un trabajo armónico y concertado, dadas las múltiples necesidades de la capital y por supuesto de los otros 46 municipios del departamento.

Conoce la opinión pública que Oscar Barreto, como lo hizo en su anterior administración, se empeña en hacer inversión en Ibagué, especialmente en vías y polideportivos, sabe mejor que nadie, que el retorno de esas obras se traduce en votos.  Sino mirar los resultados.

Hace pocos días en el marco de un evento con los líderes comunales,  Barreto anuncia el proyecto de las  Cámaras video vigilancia 24 horas, donde advirtió que para hacer inversión en la ciudad, no necesitaba  pedirle permiso a nadie, y sacó a relucir su votación en la ciudad.

En los eventos públicos exalta y destaca las virtudes de una secretaria de despacho, a quien pareciera haberle dado el guiño para que se muestre como una opción a la próxima campaña para alcaldía de la ciudad.  Como quien dice, Barreto desde muy temprano consolidando el semillero de candidatos.

Transcurridos exactamente seis meses de mandato,  ninguno de los dos tiene  que mostrar, ni para el departamento, ni para la ciudad. En buena hora bajo la figura que sea, comienzan a darse acercamientos,  entendiendo los intereses superiores de la gobernanza. 

Así las cosas, Jaramillo el viejo zorro de la política, ante la aparente voluntad política y financiera del gobernador Barreto de contribuir a las necesidades de la ciudad, ni corto ni perezoso le envió un documento que contiene en resumen los 7 proyectos bandera de la ciudad: La culminación de las obras del acueducto complementario, la renovación de las redes de acueducto y alcantarillado, la  construcción de 683 aulas para la implementación de la jornada única escolar, el Sistema Estratégico de Transporte, el modelo de Atención en Salud, la culminación de los escenarios deportivos de los pasados juegos nacionales y la mejora  de los carreteables en las vías rurales. Todo lo anterior, en costos, podría estar cercano a los dos billones de pesos.

A buen entendedor pocas palabras.  Barreto debe estar desconcertado con esa contrapropuesta, pues al parecer,  él pensaba en inversiones que no superarán los  7 mil  millones anuales, es decir 28 mil durante su gestión. Ahora bien, la plata para esos proyectos no se tiene ni en la gobernación, ni en la alcaldía, y  la terminación de muchos de ellos no se daría para el 2020.

Es propicia la oportunidad para que se tome en serio la iniciativa de tener, como en otros departamentos, la oficina de asuntos de la capital, que funciona en las gobernaciones y donde se adelantan proyectos concretos.

Finalmente, entenderíamos que  Jaramillo le está diciendo a Barreto, cómo usted quisiera ser el alcalde y vocifera no necesitar permiso para invertir, mejor hagamos equipo y comencemos a gestionar recursos, para dejarle a la Ibagué  obras que hablen bien de nuestros mandatos.

Punto final.- ¿quiénes serán los mediadores para recomponer las relaciones entre los  hermanos Jaramillo Martínez  y Henry Escobar?
Así nos sentimos los ibaguereños después de una semana de noticias, por parte de la Fiscalía General de la Nación.  Subestimamos a los distinguidos(as),  asesores(as),  contratistas y funcionarios, que como grandes estrategas, al parecer,  se apropiaron por lo menos del 30% del valor de las obras de los escenarios para los juegos nacionales, es decir de  40 mil millones de pesos.

Para rematar llega la señora directora de Coldeportes,  Clara Luz Roldán, anunciando que nos olvidemos de esos majestuosos e imponentes espacios deportivos, cuyo descalabro financiero comenzó con los sobrecostos de los diseños y prosiguió en  su corta ejecución, porque  fueron una ilusión, y que  apenas  se tienen  43 mil millones para terminar unos sencillitos  y básicos escenarios.

Resalta la  funcionaria que las principales  causas de esta calamitosa situación se debieron a la improvisación, mala planeación, desidia y corrupción. Y entonces,  ¿no le deja nada a su antecesor  Andrés Botero? A quien  le falto gerencia y diligencia en un proyecto de tal magnitud,  porque desde un principio teniendo en cuenta que los recursos del orden nacional llegaban al 80%., desde su algo cargo, debió improvisar menos y planear más,   para que la desidia y la corrupción no se enquistaran, tal y como tristemente se está comprobando. A él le cabe su cuota de responsabilidad.

Por ejemplo,  desde un principio la auditoria estudio de  “corte de cuentas” con la universidad Nacional debió imponerse y contratarse, así como  los contratos a través de Findeter, ¿por qué vienen a proponerse tardíamente?

La decisión de la Directora de Coldeportes,  es ejecutiva  pero ofensiva para los ibaguereños. ¿Cómo así que tras de robados, también  humillados? Especialmente a los cientos de jóvenes deportistas que ven   truncados sus sueños de alcanzar mayor competitividad y prestigio en sus diferentes disciplinas, porque ahora tienen que conformarse con  escenarios de mínima categoría, que incluso estarían  por debajo de los que se demolieron,  castigando a los que nada tienen que ver con esta cadena de desaciertos y corrupción.  Trasladémonos con el caso a otra ciudad, ¿se aguantarían esa peregrina decisión de chambonear escenarios? No creo.

Las alternativas propuestas por la directora de Coldeportes no son las únicas, deben existir muchas, incluso donde se involucre a toda la ciudadanía, pero alcanzarlas, solo será posible si como región y ciudad estamos unidos, que en estos momentos es pedir mucho. No se puede permitir la construcción de unos escenarios de quinta categoría, que afectan deportiva, cultural y turísticamente la imagen del Tolima.

Así las cosas,  también  los ibaguereños con el liderazgo de las fuerzas vivas de la ciudad, podemos dirigirnos al Presidente de la República, para que  el gobierno nacional asuma la cuota de responsabilidad que le corresponda  en esta situación, y se respeten los diseños originales e iniciales de nuestros escenarios, que le pida a la Fiscalía mayor celeridad para que los responsables del desfalco, con apoyo de los demás entes de control,  entreguen en dineros  y sumarlos a la terminación de los escenarios,  originalmente propuestos.
 
Punto Final.- Desconcierta el silencio de los promotores del progreso y del desarrollo de la región, porque  ni siquiera para  dar luces en su manejo o mejor solución se pronuncian.
Conocí al abogado  Orlando Arciniegas cuando colaboraba en las páginas editoriales del periódico Tolima 7 días. Pasaron varios años para que volviéramos a vernos, y fue en un  diplomado de Arbitramento dictado por la Cámara de Comercio. Al que por cierto asistió  poco.   Allí, en algún momento cruzamos palabras, pero recuerdo su   entusiasmo y convicción  al afirmar que los escenarios  de  los Juegos Nacionales  mejorarían totalmente la caída imagen del entonces alcalde Luís H. Rodríguez. Ocurrió todo lo contrario, peor no pudo ser.

Decepciona  y sorprende  que una persona invierta tiempo y dinero en su formación intelectual y académica,  con una supuesta vocación humanista a través del derecho  entendido como “el arte de lo bueno y lo justo”, para que ahora la justicia capture a Orlando Arciniegas sindicándolo de varios delitos, que de probarse, lo dejarían como un vulgar delincuente.

Definitivamente la historia de Ibagué será una antes y otra después de los  juegos, y no precisamente por  las medallas alcanzadas, los records,  o lo que en infraestructura le  quedó a la ciudad. No, será porque por primera vez en su historia, se podrán conocer las piruetas de un abogado y sus secuaces,  que disfrazadas de legalidad les permitió enriquecerse descaradamente.  

Ahora, nadie quiere reconocer  vínculos serios y formales con el abogado Arciniegas Lagos, pero  es por todos sabido que su trayectoria la marcan las asesorías   “chaleco” a lo  más granado y selecto de la clase política regional. ¿Y  por qué digo chaleco?, porque, al parecer él siempre estaba a la medida de las necesidades de sus “contratantes”  y éstos debían taparse los ojos y los oídos para no ver ni  escuchar,  todo lo que en contra del  profesional se rumoraba. No importaba, había que contratarlo para que torciera o enderezara según el caso.

¿Cómo le va a ir a Luís H. Rodríguez? Esa es la pregunta del millón, porque falto al constitucional deber  de vigilar después de delegar. Como difícil esa danza de los millones, sin que  Arciniegas levantara sospechas,  o que a  Luís H. la malicia no le  dijera algo, cuando sus amigos y detractores se lo estaban advirtiendo. Muy raro.
 
Hace pocos días tuve la oportunidad de conversar con Luís H., no pude dejar pasar la ocasión  para preguntarle si él estaba convencido de la honorabilidad y seriedad de Arciniegas en el manejo jurídico de los juegos nacionales, a lo que contestó: Yo le preguntaba a Arciniegas  y siempre me dijo que todo avanzaba bajo completa normalidad. El exmandatario fue reiterativo en afirmar que tiene su conciencia tranquila.   Sólo la justicia nos dará las acertadas respuestas.
 
Punto final: La ciudad tardará mucho en recuperarse de esta vergüenza. Ojalá aquellos(as) que acostumbran a enriquecerse con los dineros públicos, empiecen a temerle a la justicia  y dejen el cinismo con el que salen a pontificar y a criticar, sabiendo que tienen  rabo de paja.
 
Buenos días.
Los colombianos quedamos perplejos ante los crímenes y las atrocidades que se cometían en el sector del Bronx en la capital colombiana, a escasas cuadras donde trabaja el presidente de la república y legislan nuestros congresistas, y que durante décadas estuvo bajo el control de temibles bandas delincuenciales, con la fechada de expendio y consumo de drogas.

En Desarrollo del operativo “Némesis”, se sospecha que para el funcionamiento de ese centro criminal se contó con la complicidad de policías, de personal del CTI y de funcionarios de la administración distrital, que podían ganar a diario 100 mil pesos.

El asalto al infierno como lo ha denominado la prensa, no es una hazaña, por el contrario, se puede catalogar como la gran vergüenza para la capital, ante la inercia,  la pasividad y la falta de liderazgo que exhibieron los últimos alcaldes que gobernaron a Bogotá, por permitir que ese lugar se consolidara como un antro de delincuencia y de criminalidad de semejantes proporciones, que hoy horroriza al país.

Aterrizados ahora si en Ibagué y pensando en el “coletazo” que esa tardía operación de justicia y derechos humanos pueda tener sobre Ibagué, le corresponde al alcalde de la ciudad, en su condición de primera autoridad de policía, darse a la tarea de conocer exactamente donde se ubican las “ollas delincuenciales” sabiendo que bajo la sombrilla del microtráfico de drogas, se están cometiendo graves delitos que atentan contra la seguridad ciudadana. Por lo tanto la fuerza pública no puede tener territorios vedados, por el contrario  hay que mantener control y presencia por  toda la ciudad.
 
Que para alcanzar resultados hay que echar mano de la “inteligencia policial”  como herramienta de planeación, para llevar a cabo operaciones de desarticulación de las bandas del microtráfico, que saben mover sus tentáculos por todo el país y logran impactar negativamente la calidad de vida de los ciudadanos y desestabilizar la gobernanza de un mandatario.

En Ibagué no es secreto que los parques, algunos centros de diversión y entretenimiento y los alrededores de muchos colegios y universidades, en los últimos años, se han convertido en foco de comercialización y distribución de drogas. Por eso conviene que allí hagan presencia policías encubiertos, para que conozcan de primera mano quiénes son los actores en la red delincuencial y desentrañar las diferentes modalidades utilizadas en ese sucio negocio. Podrían darse  sorpresas.

Hace rato en Ibagué, la realidad delincuencial superó  la percepción  de inseguridad, y si el señor alcalde no reconoce que hay mucho por hacer en todos los frentes, será complicado transformar a la ciudad en un lugar seguro y atractivo.

Punto Final: Iván Mantilla no dijo nada que los ibaguereños no supieran, pero si dejo ver que desconoce el valor de la lealtad y el profesionalismo a la hora de abandonar un cargo.
 
Lo que está ocurriendo en Ibagué es para  reflexionar, porque las diferencias entre Oscar Barreto, Gobernador del Tolima  y Guillermo Alfonso  Jaramillo  Alcalde de Ibagué van más allá de lo político e ideológico. Los extremos en los que se han ubicado los mandatarios no ayudan a los propósitos como promotores y coordinadores del desarrollo económico y social, conociendo exactamente el mandato constitucional en las que cada uno se puede desenvolver.


Oscar Barreto desde el momento mismo de su elección dijo “A Ibagué quiero anunciarle que voy a recorrerme las 13 comunas y todos los barrios de la ciudad, pienso trabajar 24 horas para construir y devolverle la esperanza a los ibaguereños, para recorrer un sendero que nos permita ir hacia el desarrollo”. Lo que se entendió como el propósito de agenda conjunta con la administración municipal.


Por su lado al alcalde Jaramillo Martínez hizo lo propio diciendo que como nuevo mandatario, llegaba a transformar a Ibagué en lo administrativo, lo político,  lo social y lo económico. ¿Cómo pedir más?


Transcurridos casi seis meses de gobierno, no se vislumbra que estos dos líderes tengan la intención o la voluntad política de acercamiento alguno, por el contrario día a día aparecen elementos  que alimentan una enconada enemistad y porque al parecer en esta “pelea”, hay un tercer actor quien públicamente se presenta como el enemigo personal del alcalde Jaramillo, con el que supuestamente Barreto Quiroga  mantiene amistosa cercanía política, económica y empresarial.


El trato entre gobernador y alcalde, no es el de opositores o contradictores  políticos, dejan ver que son enemigos,  no se saludan y tampoco se hablan, olvidando lo que son y lo que  representan para el departamento y la ciudad, en una muestra de inmadurez y  de arrogancia.


Es el momento propicio para recordarles a los dos mandatarios que le están faltando al respeto a sus gobernados,  porque en el ejercicio del poder y haciendo anuncios de lado y lado como: Ser territorios de paz,  de convivencia pacífica,  de respeto, de inclusión y  de tolerancia,   ellos no están dando  muestras ni señales de tantas virtudes.
 

Ibagué necesita un alcalde  concentrado, pero lamentablemente los impases en  su gestión y los asuntos externos, lo han desconcentrado de lo vital. Por el otro lado al gobernador tampoco le luce querer hacer ver, que él estará presente las 24 horas  en los  temas de Ibagué, ante las carencias de su titular. ¿Y entonces que va a pasar con los otros 46 municipios, a quienes los aquejan los mismos  problemas de la capital tolimense?


Gobernador y alcalde dejan ver que son adictos al trabajo y tiene competencias en común que, en este momento crítico de ciudad,  mucho pueden aportar a su verdadera transformación, y  sólo  habrá sinergia  si ellos construyen  un punto de encuentro para  alcanzar mejores resultados.


Así como están las cosas, tocará conformar una mesa de reconciliación que los sensibilice  del impacto negativo que pesa  sobre el departamento y la ciudad,  por tener que soportar a sus mandatarios como enemigos.
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
Desde  temprana edad Ricardo Alfonso Ferro Lozano incursionó en la política,  a sus 18 años fue elegido  concejal del municipio de Carmen de Apicalá. Debió quedar fascinado con el mundo   surrealista de la política,  donde en nombre de la democracia todo puede pasar.


A partir de 1997  y hasta el 2015 siguió trabajando en sus aspiraciones políticas y fue  candidato a edil  de la localidad de Suba, a la Cámara de Representantes del Tolima, dos veces a la Alcaldía de Ibagué. Ninguna le prosperó. También posee  experiencia como  ejecutivo en el alto gobierno,  asesor de la casa de Nariño, secretario privado de Ministerio y Viceministro de otras carteras.


Han transcurrido 18 años  en los que Ferro Lozano se ha movido entre la burocracia y el ejercicio de  aspiraciones políticas fracasadas. A hoy deja ver que sus intenciones están orientadas a seguir siendo el firme  y permanente candidato a la alcaldía de Ibagué, experiencia ya vivida de mandatarios raizales  que han llegado después de varios intentos  y lo que está probado es que en ese empeño, se desvía   la preparación para el cargo y  llegan sin el conocimiento para gerenciar y gobernar.


¿Por qué desorientado  Ferro Lozano? Porque se equivoca en la estrategia de comunicación utilizada para pronunciarse respecto de la gestión –sin comenzar-  del alcalde Guillermo Alfonso Jaramillo,  que no está sustentada en los temas vitales del presente y futuro de la ciudad. Se está  quedando en la parodia,  el comentario irónico,  jocoso o cantinflesco de situaciones que  bien pueden ser asunto de otros editorialistas o columnistas lejanos a la política.


Ese simulacro de oposición por parte de Ferro Lozano  también requiere  pedagogía,  porque como  bien lo expresó la filósofa antioqueña Lucy Carrillo “la oposición es el otro jugador que necesita el poder político en el ajedrez de los asuntos de interés común” ella sostiene que “si hay verdadera vocación política, la oposición debe abrirle paso al poder de la imaginación”.
 
 
Así las cosas, para contraponerse debe existir mente abierta y creativa. De lo contrario Ferro Lozano  está malogrando el capital político que acumulo en  dos campañas y que de no incursionar ante la opinión pública con  un discurso alternativo, propositivo, concentrado en los hechos, inherentes al progreso y desarrollo de la ciudad,  podría convertirse en un actor  político que no ha superado el fracaso electoral  y a través de la parodia le está diciendo a los Ibaguereños, “¿ven lo que pasa por no haber votado por mí?”, en una línea delgada de escaso  sentido de pertenencia y arraigo por la ciudad.


Lo que le está pasando a Ibagué es serio y así debe manejarse.  Aquí juegan papel importante la madurez política y el sentido común- el menos común de los sentidos- , para que se diseñen innovadoras estrategias de comunicación. De seguro ésta no es.
Ante este escenario,  Ferro Lozano podría sopesar la idea de regresar a ocupar cargos en el alto gobierno,   salir de viaje a estudios especializados como una manera de oxigenar,  refrescar el pensamiento y  renovar ideas. O decidir que  se queda en Ibagué, pero aportándole  a la construcción de una linda ciudad que  recién él comenzó a conocer.
 
Todo comenzó en la  campaña a la alcaldía de Guillermo Alfonso Jaramillo, quien venía de ocupar una secretaria en la administración de Bogotá, donde supuestamente,  salió con las mejores calificaciones. Fuimos testigos  a través de los medios nacionales,  de la relativa calma y serenidad con la  desempeñó el cargo.


Presenciamos una campaña donde el avezado político enarboló la bandera de la honestidad, la transparencia, la eficiencia y todas las que debía poseer el próximo mandatario, justo en el  momento histórico que  vivía Ibagué  y pasada la vergüenza de los peores juegos nacionales de  la historia en el país.


Ya en el ejercicio del cargo,  las  dotes de  efectista  e histrión político del nuevo mandatario, han hecho que los habitantes de la  ciudad,   estemos perplejos siendo meramente espectadores  de un reality que tiene al borde de la polarización a la ciudad.


Es cierto que a tan solo cinco meses de posesionado, es temprano medir la gestión, lo que preocupa es que la mayoría de los  capítulos del reality narrados por los medios de comunicación, están desviando al burgomaestre de sus verdaderos propósitos de cambios y transformación social y política.


Al  alcalde las cosas no le han salido como esperaba. El desafortunado  manejo de su  inteligencia emocional y pensamiento estratégico, lo han llevado a ser víctima de su propio invento.  Las ansias de desquite o venganza con sus públicos enemigos, lo están haciendo perder el norte. Su “deschavetado” lenguaje tan replicado en los medios desvirtúa la esencia de sus pronunciamientos.


Lo que realmente llega a preocupar es el juego político con la promesa de combatir la corrupción y exhibir total transparencia en sus actuaciones, cosas que al parecer,  comienzan a ser desvirtuadas, especialmente por los pronunciamientos de un reconocido y prestigioso profesional del derecho, y por    investigaciones  periodísticas.


Ese grave error lo aprovechan sus detractores para entregar información a los medios, en algunos casos,  personal y privilegiada, que bien  podría ser  objeto de procesos judiciales y quedarían a la espera de un fallo definitivo y  que en otras circunstancias no trascenderían, ni alimentarían los libretos del reality.


En uno de los últimos capítulos de este show hizo su aparición, como invitado especial, su  hermano y ex senador de la república,  Mauricio Jaramillo, para concluir que jamás en la historia reciente, se había visto una “gavilla” en contra del primer mandatario de la ciudad.


Desafortunadas declaraciones, que sólo enervan los ánimos y dividen a la ciudad, porque a tan solo dos días de sus declaraciones,  personajes de la mal llamada “gavilla” se ratificaron en todas y cada una de apreciaciones.


De lo que sin pueden estar seguros los medios de comunicación, es que con este burgomaestre, los rating de sintonía estarán en sus mejores niveles. Mientras tanto siguen en veremos la puesta en escena de los  asuntos que traerán la transformación y el cambio prometidos para Ibagué.
Ibagué como ciudad intermedia  se quedó rezagada de otras con  similares características,  pero  tiene los problemas de una gran urbe: Desempleo, inseguridad, movilidad y contaminación.  El  problema del  suministro de agua potable está fuera de concurso.


Desde hace rato los sondeos de percepción han mostrado la inconformidad ciudadana  por el crecimiento desmedido de estos problemas, que son  directamente proporcionales al bajonazo en la calidad de vida de los ibaguereños.


A diario comprobamos  que para los delincuentes no existen zonas vedadas, hacen uso  de toda su creatividad y su malicia,  para agotar  las diferentes  modalidades.  Nos llegó la Policía Metropolitana con bombos y platillos, ¿y?  Podrán doblarnos el pie de fuerza, sin embargo el creciente aumento de personas afectadas por el desempleo,  sin esperanzas ni oportunidades, los desadaptados,  y  los que definitivamente no tienen nada que perder, y que  de no encontrarse una fórmula de solución,  seguirán siendo el estigma social.


De ahí que las políticas de empleo a diseñar,  deben estar encaminadas a conjurar este fenómeno social,  bajo la responsabilidad del  alcalde, quien  recibió la ciudad con el 11.7% de desempleo y hoy la tiene con el 16.9%.  


Difícil pero no imposible  llevar a la baja ese indicador.  No está de más sugerirle  respetuosamente al  alcalde Guillermo Alfonso Jaramillo, aplicar la recomendación  de un sonado jingle que llama al regionalismo y sentido de pertenencia, para que el burgomaestre lo adapte y diga: Como yo mando y trabajo  aquí,  contrato con los de  aquí, y los de aquí se  ganan las convocatorias y licitaciones. Y no porque sea pecado que se los ganen foráneos, pero es que la situación de la ciudad, amerita cuidar con innovadoras estrategias  y  acertadas decisiones las cifras del desempleo.


En este punto es válido hacer una reflexión. ¿Será que no tenemos empresas  competitivas que  logren superar la  prueba de una convocatoria? Personalmente, quiero creer en la transparencia de estos procesos y alejo la nube gris de   convocatorias o licitaciones “chaleco”.


La movilidad día por día se está tornando insoportable. Ibagué  tiene las mismas vías de  hace 20 años. Como están lejos unas  nuevas, y ya no caben carros y motos en ellas,   las políticas y estrategias  implementadas para su mejoramiento,   necesariamente deben  ser  claras, contundentes, sin reversazos  y con amplia socialización. 


La contaminación  va en línea directa con la cultura ciudadana y  a decir verdad  seguimos crudos. Ibagué es una ciudad ruidosa, pitamos por nada o por todo, con cientos de vehículos chimeneas rodando por las calles. Estamos en  mora de imponer la cultura del reciclaje, el apadrinamiento de los separadores, la recuperación de los andenes, la regulación de las comidas callejeras con cilindros de gas y fogones improvisados por doquier y muchas otras cosas que acrecientan la contaminación atmosférica, visual y auditiva, entre otras.


En conclusión hay mucha “menuda” por resolver.  Importante y urgente contar con  un mandatario haciendo gestión, con énfasis en las prioridades.
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