Domingo, 22 Enero 2017

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Hoy amanecimos con dos colombianos menos, murieron ayer en el Sur de Bolívar por culpa del rugir de los fusiles, esos que muchos quisimos callar el pasado 2 de octubre. Guerrilleros de las Farc, tal vez sí, igual son colombianos, seguramente hijos de humildes campesinos que a esta hora deben estar padeciendo el peor de los sufrimientos, tan doloroso como el que han tenido que vivir los padres, hijos y esposas de los más de 200 mil muertos que ha dejado esta absurda guerra.

Pero más absurdo aun es que una parte del país se siga creyendo el cuento de que con el proceso de paz le estamos entregando el país a las Farc. No se dan cuenta que sin la puesta en marcha de los acuerdos nos estamos entregando nuevamente a la barbarie, estamos facilitando el camino para que la violencia recrudezca en los campos y ciudades de Colombia, lo peor, habiendo tenido la paz en nuestras manos. Ayer fueron dos guerrilleros, pero mañana pueden ser muchos soldados, policías o civiles que caigan víctimas de las balas. Se ha quebrantado el cese al fuego bilateral, el tesoro más grande que habíamos encontrado desde que Gobierno y Farc están sentados en la mesa de diálogos.

Mientras tanto, los embelecos de algunos líderes de la oposición siguen sembrando dudas y odios en la opinión pública, todo para evitar que el proceso de paz por fin pueda ser una realidad. Ojalá lo de ayer no se convierta en el florero de Llorente que detone en una crisis profunda del proceso de paz. Es la hora de la sensatez, a pesar que los promotores del No sigan estando inconformes y poniendo peros por todo, hay que refrendar los acuerdos y ponerlos en marcha.
 
 
Cesar Picón
Twitter: @cesarpicon
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